The World I Know (o lo que creo conocer de él)

buffalo 66

vincent gallo y cristina ricci en buffalo 66

Collective Soul no es ni mi quinta banda favorita de los noventa (antes pondría a Nirvana, Smashing Pumpkins, R.E.M., Stone Temple Pilots, Live…). Es buena, me gusta Smashing Young Man, y Shine es un himno del grunge, pero, personalmente, creo que no llegan al nivel de Disarm, o Heart-Shaped Box. Más que las canciones, lo que más me atrae de esta banda es el nombre que se pusieron. Collective Soul. ¿Qué puede ser más relevante para la gente 20-algo de hoy (y aún para la Generación X, 15 ó 20 años atrás) que esa lucha y abrazo simultáneos entre individualismo y sentido de grupo?

Ok, de repente es irrelevante en este blog hablar del nombre de una banda, y desconsiderar por completo su música, pero voy a cometer esa infamia por única vez, porque me da vueltas a la cabeza cada vez que entro a Facebook y veo los news feeds llenos de gente que busca inconscientemente SER ESO: pertenecer a un alma colectiva.

Seguramente cualquiera me lo negaría si se lo digo frontalmente, pero me parece que, en el fondo, buscamos llenar nuestros perfiles con cosas bacanes, que nos hagan sentir más ligeros, más interesantes, más únicos, y al mismo tiempo, más PARTE DE ALGO. Aunque sea sólo en la superficie, como una foto del Che. Por algo existen los grupos de facebook sobre el ceviche, los RSS feeds, los tweets, los likes MASIVOS, los filtros tipo lomography en las cámaras digitales de los ipods y iphones, y androids, y motorolas. Por algo existe la fiebre contagiosa de Angry Birds, Seasons, RIO, y los que están por venir (hoy, Rovio, la empresa detrás de Angry Birds, está valorizada en mil millones de dólares, según AYTM.com, tanto como la aerolínea gringa doméstica JetBlue – ¿hasta dónde pueden llegar los juegos virales?).  Por algo nos emocionamos en los conciertos, los grabamos y los subimos a Youtube, a ver si por ahí logramos replicar o prolongar esa empatía con un puñado de desconocidos al otro lado del planeta. Por algo la gente coordina reuniones, chambas, juergas y puntos de encuentro públicamente en facebook sabiendo que el próximo loco de las noticias podría estar siguiendo tus posts (pero igual, vale la pena exponerse). Por algo las chicas gritan “inbox!!!”, aunque no haga falta porque el inbox llega al mismo tiempo que el anuncio en el wall. Por algo retweetamos, compartimos, taggeamos, “enviamos desde nuestro blackberry de claro”, y seguimos a PPK, o Barack Obama, o Steve Jobs. Por algo aceptamos unirnos a una causa banal que antes nunca nos hubiera interesado. Por algo pasamos de no correr nunca, a correr todas las maratones 3K, 10K, 40K, de Nike, Adidas y el cáncer de mama. Por algo un ejecutivo de Google logró armar una revolución enorme vía redes sociales para sacar a Mubarak y lo logró.

Queremos sentirnos parte de algo, y Facebook nos lo ha hecho posible. Ya sea porque queremos aparecer con nuestros amigos en una foto, o derrocar a un dictador que nos corroe la sangre.

Por culpa de Mark Zuckerberg, ahora no puedo escuchar The World I Know sin pensar en el tiempo rarísimo que estamos viviendo. Igual no cambiaría mi época por otra.

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