Música es darle sentido al espacio

Hoy pensaba un poco en la búsqueda incansable que tengo por obtener sentido de las cosas. No hablo de un sentido “fraseado” o en forma de palabras. Ni una gran meditada sobre qué es la vida y a dónde vamos. Nada pensado, no. Sólo sentido en su mínima expresión. Cuando todo está tranquilo y sientes el aire en la cara y te gusta… ok, justo antes de que te des cuenta que te gusta: ese tipo de sentido.

Entonces, pasamos la vida de circunstancia en circunstancia, y necesitamos un soundtrack para que eso que acabamos de vivir se sienta parte de algo más que el simple hecho aislado de “haber ocurrido”. Ahí es cuando le pones música y ves que encaja. Si tiene letra, bien, pero no es indispensable.

Ando buscando eso, y es costoso encontrarlo en las personas. Por eso la música. Hoy es Phosphorescent – Los Angeles

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Sabor a domingo

Las canciones de Kanaku y el Tigre tienen sabor a domingo. Hay algo en la voz divagante de Nico Saba, los vientos rebotando sin esfuerzo y los coritos que acompañan al fondo, que me hace pensar que no hay nada para hacer ahora. Sólo estar. Como un domingo entre las 10 de la mañana y la hora de almuerzo.

Esta se llama “Tu verano, mi invierno”.

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“El que no quiere a su patria no quiere a su madre”

Llego algo tarde a comentar “Latinoamérica”, la última de Calle 13. Algo tarde, pero espero no lo sea demasiado, cuando deje de significar algo y se quede sólo en su condición viral como cualquier otro contenido típico de nuestra época que no se come los himnos por mucho tiempo. Y lo de himno va en serio. Al menos eso espero; para que lo sea, lo tiene que ser para muchos.

“Latinoamérica” viene bien ahora que la independencia política (en el sentido de país, con bandera, escudo y límites territoriales), no es tan relevante como tener un sentido de identidad cultural sólido. Un boliviano en su lado del Titicaca se parece más al peruano del otro lado de la orilla que a su compatriota en un barrio residencial de Santa Cruz. Si cada cultura fuera un país, viviríamos en miles de países dispersos por el mundo como manchas. Y en medio de este contexto, los marginados en Latinoamérica siguen siendo una colonia de las clases dominantes, ¿o de los países dominantes?, da lo mismo. Pero esta canción intenta rescatar lo que une a Latinoamérica, no lo que nos separa. Sobre todo a los de abajo, porque, aunque el video muestre gente de todas las clases, la canción habla más que nada de los que luchan por un progreso que no sacrifique su integridad cultural. Así lo escucho en el coro, como hablando a los que “compran” el trabajo y la vida de los latinoamericanos (¿si se les puede llamar gringos?).

Cuando los españoles llegaron al Perú e impusieron el catolicismo, los cuzqueños aceptaron la nueva religión sin perder sus costumbres. Pintaban una virgen con forma de montaña, o apu, y la trataban como a la pachamama. Hoy pasa lo mismo con los inmigrantes de la sierra que adoptan la cultura limeña o costeña. Me parece que la transformación cultural es inevitable, pero el sentido de identidad y pasado común no se pierde, y eso es lo que me habla “Latinoamérica”.

Hay algo más. Cuando la escucho, y más cuando veo el video, me distrae la idea de que la mayoría, y no me excluyo, piense que esto es simplemente bacanazo. Porque está de moda la tierra amplia, las arrugas en las caras de los viejos, los niños jugando en la selva, los autos viejos y oxidados, la ciudad hecha entera de cemento, una pequeña calle andina y el sol filtrándose sobre la orilla del mar. Tal vez, el contraste con una vida de píxeles y oficinas nos haga valorar un poco más las periferias, o mirarlo de una forma romántica, como si fuera un paisaje bonito, o turismo vivencial gratuito. Es que está de moda tener conciencia social (eco-social). Es políticamente correcto. Pero a veces es una pseudo-conciencia social, casi tan hueca como la cara del che en blanco y negro sobre un polo.

Al margen de que la gente quiera ver forma o fondo, la canción está muy buena.

Y el video también.

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The World I Know (o lo que creo conocer de él)

buffalo 66

vincent gallo y cristina ricci en buffalo 66

Collective Soul no es ni mi quinta banda favorita de los noventa (antes pondría a Nirvana, Smashing Pumpkins, R.E.M., Stone Temple Pilots, Live…). Es buena, me gusta Smashing Young Man, y Shine es un himno del grunge, pero, personalmente, creo que no llegan al nivel de Disarm, o Heart-Shaped Box. Más que las canciones, lo que más me atrae de esta banda es el nombre que se pusieron. Collective Soul. ¿Qué puede ser más relevante para la gente 20-algo de hoy (y aún para la Generación X, 15 ó 20 años atrás) que esa lucha y abrazo simultáneos entre individualismo y sentido de grupo?

Ok, de repente es irrelevante en este blog hablar del nombre de una banda, y desconsiderar por completo su música, pero voy a cometer esa infamia por única vez, porque me da vueltas a la cabeza cada vez que entro a Facebook y veo los news feeds llenos de gente que busca inconscientemente SER ESO: pertenecer a un alma colectiva.

Seguramente cualquiera me lo negaría si se lo digo frontalmente, pero me parece que, en el fondo, buscamos llenar nuestros perfiles con cosas bacanes, que nos hagan sentir más ligeros, más interesantes, más únicos, y al mismo tiempo, más PARTE DE ALGO. Aunque sea sólo en la superficie, como una foto del Che. Por algo existen los grupos de facebook sobre el ceviche, los RSS feeds, los tweets, los likes MASIVOS, los filtros tipo lomography en las cámaras digitales de los ipods y iphones, y androids, y motorolas. Por algo existe la fiebre contagiosa de Angry Birds, Seasons, RIO, y los que están por venir (hoy, Rovio, la empresa detrás de Angry Birds, está valorizada en mil millones de dólares, según AYTM.com, tanto como la aerolínea gringa doméstica JetBlue – ¿hasta dónde pueden llegar los juegos virales?).  Por algo nos emocionamos en los conciertos, los grabamos y los subimos a Youtube, a ver si por ahí logramos replicar o prolongar esa empatía con un puñado de desconocidos al otro lado del planeta. Por algo la gente coordina reuniones, chambas, juergas y puntos de encuentro públicamente en facebook sabiendo que el próximo loco de las noticias podría estar siguiendo tus posts (pero igual, vale la pena exponerse). Por algo las chicas gritan “inbox!!!”, aunque no haga falta porque el inbox llega al mismo tiempo que el anuncio en el wall. Por algo retweetamos, compartimos, taggeamos, “enviamos desde nuestro blackberry de claro”, y seguimos a PPK, o Barack Obama, o Steve Jobs. Por algo aceptamos unirnos a una causa banal que antes nunca nos hubiera interesado. Por algo pasamos de no correr nunca, a correr todas las maratones 3K, 10K, 40K, de Nike, Adidas y el cáncer de mama. Por algo un ejecutivo de Google logró armar una revolución enorme vía redes sociales para sacar a Mubarak y lo logró.

Queremos sentirnos parte de algo, y Facebook nos lo ha hecho posible. Ya sea porque queremos aparecer con nuestros amigos en una foto, o derrocar a un dictador que nos corroe la sangre.

Por culpa de Mark Zuckerberg, ahora no puedo escuchar The World I Know sin pensar en el tiempo rarísimo que estamos viviendo. Igual no cambiaría mi época por otra.

No hay banda (sólo un genio loopeando un violín)

Cuando vi este vídeo de Andrew Bird en vivo haciendo “Why?”, me arrepentí en el alma de no haber ido a verlo en el WATT club de Rotterdam. Me fui de viaje a Amsterdam por unas vacaciones, solo, sin amigos, y Andrew Bird tocaba en esta discoteca por 16 euros. Pensé: si consigo con quien ir hasta Rotterdam, voy, sino, me quedo en Amsterdam. Total, para qué perder horas en transporte para ver un show que no voy a tener con quién compartir, tal vez la pase mejor aquí. Y el WATT es una discoteca como cualquiera en Lima; Gótica, Aura, lo que quieras, no es la voz. Grave error.

Resulta que el WATT es el primer Dance Club “verde” o ecológicamente sostenible en el mundo, lo cual lo hace interesante (http://sustainablerotterdam.blogspot.com/2008/09/club-watt-worlds-first-sustainable.html) y Andrew Bird (después de verlo en youtube en vivo), es, hoy por hoy, el músico que más ganas tengo de ver, por encima de Radiohead, Arcade Fire y otros.

Hay algo en los músicos ultra capos que todavía no han alcanzado el estrellato “mainstream”, que los hace estar un poco más al mismo nivel que el resto de los mortales. Te pongo un caso práctico: tú crees que hoy, 2011, podrías sostener una conversación con Thom Yorke? Imposible. Y si fuera 1992, cuando Radiohead aún no ha lanzado Pablo Honey y Creep recién está escribiéndose… tal vez, si tienes suerte, te podría preguntar dónde queda el BCP más cercano.

No sé si es el mejor ejemplo, quizás es un poco exagerado, pero hay una gracia en la sencillez de los genios cuando aún no los conoce todo el mundo que te hace considerar por un segundo que estás presenciando algo más grande, más auténtico y más puro que un estadio lleno de U2.

Andrew Bird tiene muchos años en actividad. Empezó haciendo neoswing y hoy se mueve un poco más hacia el Indie, pero de una manera muy particular, mezclando violín, silbando, tocando guitarra, y siempre grabando loops en vivo. Pero lo mejor de él no es su virtuosismo, sino que le mete un filin a cada nota, que parece que estuviera REINVENTANDO ESA CANCIÓN, ahí frente a ti y las otras 1000 personas que decidieron SÍ ir a verlo. Algo así como Jacques Brel en los 60.

Los últimos 2 versos son todo: “Can’t you see what kind of seeds you’re sowing?… damn you for being so easy-gooooing!!!”

Mas de Andrew Bird:

http://www.youtube.com/watch?v=gt7fuzgYrc4

http://www.youtube.com/watch?v=wRk2iHkOcNE

http://www.youtube.com/watch?v=26PqNVy7kKo&feature=related

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Funeral de caballos

Primer post. Acabo de escuchar de pura casualidad The Funeral, de Band of Horses (no conocía esta banda, es la primera vez que la escucho, a través de Jango Radio). Va directo a la vena, visceral, entera, dura. No tiene una gran estructura, quizás no hayan demorado mucho en escribirla (fácil me equivoco), pero tiene una pureza que pocas veces encuentro, es muy auténtica. Por ahí que tiene de Coldplay pero más dura, no en términos de sonido, sino en filin general.

Todavía no he escuchado la letra con atención, normalmente no lo hago hasta la 5ta escuchada, así que si quieren me la comentan. Por cómo la interpreta el que canta, se nota que está diciendo algo grande, el power que le meten la llena de significado.

¿Qué me hace pensar esta canción? (Aparte de querer estar en primera fila en el concierto), pienso en una enorme confesión, guardada por muchos años, que explota y hace daño pero cura y al final, en esos últimos segundos, alivia enormemente. Parece que fuera entre 2 personas, hombre y mujer, que se han apartado o han fingido estar ok, pero viven un silencio incómodo por muchos años (silencio o incomunicación o dificultad para empatar). Y en eso, el hombre le cuenta algo que rompe todos los paradigmas y acaba con el silencio para siempre, dando lugar a una empatía bravaza.

Bueno, eso es una.

También tiene una onda que te motiva a hacer algo que nunca intentaste, suena a una precuela para el comercial de Interbank donde el pata deja su chamba aburrida y decide viajar por el mundo en busca de olas y chambear en ____________ (llena aquí tu propio sueño).

Y además, dan ganas de nadar hasta la isla san Lorenzo. Calato.

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